Primer Encuentro Americano contra la Impunidad
20 al 21 de junio del 2009
Caracol IV: "Torbellino de nuestras palabras"; Morelia, Chiapas, México


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Primer Encuentro Continental Americano
contra la Impunidad y por la Justicia Autónoma


Bárbara Zamora. México.

Muchas gracias. Primero quisiera agradecer la hospitalidad y la generosidad de los compañeros de la Junta de Buen Gobierno y del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que nos ofrecieron este lugar, El Caracol, para hacer nuestro evento.

Y mi participación se llama, bueno el encuentro creo que les ha faltado una parte del título porque se llama "Contra la impunidad y por la justicia autónoma" y mi participación se llama "¿Por qué necesitamos una nueva justicia y tribunales autónomos?".

En el marco jurídico nacional y en los tratados internacionales está garantizado el derecho a la justicia de todos los seres humanos. Está garantizado en la Constitución Mexicana, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la Convención Americana de Derechos Humanos, en el Protocolo Internacional de Derechos Civiles y Políticos y en otros instrumentos internacionales que dicen que todos los seres humanos tenemos derecho a acceder a la justicia en tribunales independientes, cuyas resoluciones deben ser imparciales, completas, prontas y gratuitas. Sin embargo todo esto en la realidad no sucede. En todos estos instrumentos ese derecho se queda en una mera declaración.

Nosotros pensamos que debemos buscar nuevas formas de justicia y nuevos procedimientos e instancias para hacer justicia. La justicia o las leyes actualmente son aplicadas para conservar las cosas en el estado en que están. Cuando un delito en el sistema en que estamos, cuando un delito es abolido significa, que para esa sociedad, ya esa conducta no se reconoce como una transgresión, no afecta sus valores que tejen ellos. Sin embargo mientras quitan delitos como el adulterio o la difamación, en cambio tipifican como delitos conductas que conllevan un reclamo de un derecho o de varios derechos de grupos campesinos, indígenas, obreros y en ese sentido estas conductas son calificadas como delitos y como actos de terrorismo, creando estados de excepción, donde todos los derechos y libertades están limitados, condicionados y anulados por la violencia policiaca y militar.

La gran similitud de la Reforma Constitucional Mexicana, con la Ley Antiterrorista de España, con la Ley Antiterrorismo española y con la Ley Patriótica de Estados Unidos, nos demuestras que las leyes se globalizan y que obedecen a los intereses de los gobiernos. Es por ello que ya no reconocemos a las instituciones judiciales, ni de nuestro país, ni del mundo, porque ya no nos reconocemos en el orden que nos proponen, en los hilos que tejen la comunidad de la que pretenden hacernos parte. Esa justicia es ilegítima porque el tipo de universo que protege, no es el que nosotros hemos imaginado, ni el que nosotros hemos pactado. La justicia es impuesta y aplicada por aquellos que tienen el poder, es el reflejo del mundo tal y como ellos lo conciben. Quizá esta es la razón por la que una gran mayoría de la población, la más pobre, siempre se ha sentido excluida o atacada por esa justicia, pues en el orden del mundo que ésta trata de proteger, ellos están ausentes o son considerados como enemigos.

En suma, en los tribunales no se administra justicia, sólo se aplican las leyes de manera discrecional y con criterios políticos. Ejemplos de ellos tenemos muchos, aquí mismo, los mineros de Pasta de Conchos, los mineros de Cananea, las comunidades zapatistas, los colonos de Lomas del Poleo, los compañeros de Oaxaca reprimidos, los de Atenco, los niños quemados en la guardería de Sonora, las familias asesinadas en los retenes militares, los campesinos del ejido de San Pedro Tultepec, de la comunidad de Ocotepec, de la comunidad de Santa Cruz Atizapán, de la comunidad de San Miguel Xoltepec, de la comunidad de San Agustín, de la comunidad de Rosario, de la comunidad de Playa Limón y un largo etcétera.

Por todas estas razones es que ahora tenemos que hablar de una nueva justicia, pero primero tenemos que interrogarnos sobre la experiencia política que debe sustentarla. ¿Qué es una experiencia política? Es la experiencia del vínculo entre los hombres, un vínculo que crea una comunidad entre ellos. La dimensión y la profundidad política de una sociedad están íntimamente relacionadas, con el tipo de vínculo que han establecido los hombres que la conforman. Hay que preguntarnos ¿cuál es el vínculo que hoy nos une como sociedad? ¿cuál es la expresión de nuestra experiencia política? Probablemente no existe. No son, sin duda las elecciones, no son las leyes que hoy rigen el país, no es como quieren hacernos creer. El combate a la delincuencia organizada o al terrorismo. El vínculo que había entre nosotros se ha roto y al romperse se anuló toda posibilidad de justicia.

Después de la Revolución Mexicana, nuestro vínculo fue la constitución de 1917, es decir nuestra experiencia política y con ello nuestra experiencia de la justicia, estaba fundada en un libro, en esta Constitución, en la palabra. Hoy esa Constitución ya no existe, y aún si existiera, no sería lo suficientemente fuerte para renovar los vínculos que se han roto entre nosotros. En el caos que hoy se ha instaurado debemos imaginar nuevos vínculos políticos entre nosotros. Tal vez debemos hacer una revolución, pero una revolución no sirve para derrocar temporalmente a una persona o a un gobierno, una revolución debe servir para forjar una nueva armonía, es decir, sirve para imaginar y construir los vínculos políticos sobre los que se tejerá una nueva sociedad que nazca de ella. O quizá esa justicia, que es la nueva justicia, quizá esa justicia que buscamos esta en el torbellino de nuestras palabras, un torbellino que no destruye, sino que a su paso va curando toda las heridas del mundo, recogiendo cada fragmento hasta reparar con violencia todos los vínculos que el hombre ha olvidado o que ha destruido.

Ahora nos enfrentamos a una doble tarea, crear un nuevo vínculo entre nosotros, una experiencia política de otro orden y crear una nueva forma de protegerla. No podemos imaginar la forma de proteger el vínculo que nos teje a nosotros como comunidad o como país, es decir, no podemos imaginar una nueva justicia si antes no hemos forjado un nuevo vínculo.

En los pedazos que quedan de la Constitución que nos unía, está el Artículo 17, que prohíbe tomar justicia en nuestras manos, pero correlativamente esta prohibición lleva al mismo tiempo el derecho a recibir una justicia pronta, completa e imparcial y gratuita, y la obligación de las instituciones a proporcionarla. Pero al no cumplir ya con esta función, es evidente que la ausencia total de este derecho, anula la prohibición y nos deja libertad de tomar la justicia en nuestras manos y de crear nuestras propias formas de hacer justicia. No hay ley natural más válida y es el primer instinto humano, que la conservación y la defensa, lo que conlleva el derecho inalienable de todo ser humano a defenderse, es decir, a hacer justicia por sí mismo.

El sueño de una nueva justicia se sostiene sobre la fe en ese sueño. Si no es un sueño colectivo, si no es un sueño que penetre los párpados de todos, el despertar seguirá siendo sangriento. ¿Cómo proteger un sueño que no compartimos? Habrá que soñar una justicia... (audio incompleto)

 
 

 
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